"Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que

proviene del Padre, él dará testimonio de mí.

Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio".

(Jn. 15, 26-27)

"EL ESPÍRITU SANTO MAESTRO INTERIOR"

     "... el Espíritu Santo sigue actuando con poder en la Iglesia también hoy y sus frutos son abundantes en la medida en que estamos dispuestos a abrirnos a su fuerza renovadora. Para esto es importante que cada uno de nosotros lo conozca, entre en relación con Él y se deje guiar por Él. Pero aquí surge naturalmente una pregunta: ¿Quién es para mí el Espíritu Santo? Para muchos cristianos sigue siendo el «gran desconocido». Por eso, quiero invitaros a profundizar en el conocimiento personal del Espíritu Santo. En nuestra profesión de fe proclamamos: «Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo» (Credo Niceno-Constantinopolitano). Sí, el Espíritu Santo, Espíritu de amor del Padre y del Hijo, es Fuente de vida que nos santifica, «porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5, 5). Pero no basta conocerlo; es necesario acogerlo como guía de nuestras almas, como el «Maestro interior» que nos introduce en el Misterio trinitario, porque sólo Él puede abrirnos a la fe y permitirnos vivirla cada día en plenitud. Él nos impulsa hacia los demás, enciende en nosotros el fuego del amor, nos hace misioneros de la caridad de Dios.

     Sé bien que vosotros, jóvenes, lleváis en el corazón una gran estima y amor hacia Jesús, cómo deseáis encontrarlo y hablar con Él. Pues bien, recordad que precisamente la presencia del Espíritu en nosotros atestigua, constituye y construye nuestra persona sobre la Persona misma de Jesús crucificado y resucitado. Por tanto, tengamos familiaridad con el Espíritu Santo, para tenerla con Jesús". Recuperado de: Obispo Emérito de Roma Benedicto XVI, 20 de julio de 2007

EL PARÁCLITO CONVIRTIÓ A LA FE, QUE OBRA MEDIANTE LA CARIDAD.

San Agustín - Homilía de maitines

DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Homilía de San Agustín, Obispo.

     "El Señor Jesús, en el sermón que dirigió a sus discípulos después de la cena, cercano ya a la pasión, debiendo partir y habiendo de privarles de su presencia corporal, por más que, por su presencia espiritual permanecería entre todos los suyos hasta la consumación de los siglos; el Señor Jesús, en aquel discurso les exhortó a soportar las persecuciones de los impíos, a quienes designó con el nombre del mundo. Del seno de este mundo, con todo había elegido a sus discípulos; se lo declaró a fin de que supieran que ellos eran lo que eran por la gracia de Dios; y que por sus vicios fueron lo que habían sido.

     Después anunció claramente que los judíos serían sus perseguidores y los de sus discípulos, a fin de que quedara bien sentado que los que perseguían a los santos están comprendidos en esta denominación de mundo condenable. Y después de decir que ellos desconocían al que le envió, y que, no obstante, odiaban al Hijo y al Padre, es decir, al que había sido enviado, llegó al pasaje en que dice: “Para que se cumpla lo que está escrito: Me odiaron sin motivo”.

    Después, como consecuencia, añadió aquello que ahora empezamos a tratar: “Cuando viniere el Consolador, que yo os enviaré del Padre, Espíritu de verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y vosotros también daréis testimonio, puesto que desde el principio está en mi compañía”. Ahora bien, ¿cómo puede entenderse esto con relación a lo que antes había dicho: Más ahora me han visto y me han aborrecido a mí y a mi Padre; por donde se viene a cumplir la sentencia escrita en su Ley: Me han aborrecido sin causa alguna?” ¿Acaso por qué cuando vino el Paráclito, este Espíritu de verdad, convenció con testimonios más evidentes a los que, habiendo visto sus obras, le aborrecieron? Hizo más aún: ya que manifestándose a aquellos, convirtió a la fe, que obra mediante la caridad, algunos de aquellos que habían visto, cuyo odio perduraba. Recuperado de: http://misagregorianatoledo.blogspot.com/2016/05/el-paraclito-convirtio-la-fe-que-obra.html 

"El fin de todas las cosas está cerca;

vivan, pues, con sensatez y dediquen sus noches a la oración.  

Sobre todo, ámense de verdad unos a otros,

pues el amor hace perdonar una multitud de pecados".  

(I Pedro 4, 7-8)

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