En aquél tiempo,  “16 Jesús le respondió a uno de los que estaban sentados a la mesa: 

«Un hombre preparó un gran banquete y convidó a mucha gente.

17 A la hora de cenar, mandó a su sirviente que dijera a los invitados:

«Vengan, todo está preparado».

(Lc. 14, 16-17)

San Agustín, De verb. Dom. serm. 33

  1. "Como éste suspiraba por lo que estaba lejos, no veía el pan que deseaba y tenía delante. ¿Cuál es el pan del reino de Dios, sino el que dice ( Jn 6,41): «Yo soy el pan vivo que he bajado del cielo»?No preparéis la boca, sino el corazón.
  2. Este hombre, mediador entre Dios y el hombre, es Jesucristo. Envió a que viniesen los invitados, esto es, los llamó por los profetas enviados con este fin, los cuales en otro tiempo invitaban a la cena de Jesucristo. Fueron enviados en varias ocasiones al pueblo de Israel. Muchas veces los llamaron para que viniesen a la hora de la cena; aquéllos recibieron a los que los invitaban, pero no aceptaron la cena. Leyeron a los profetas y mataron a Cristo. Y entonces prepararon, sin darse cuenta de ello, esa cena para nosotros. Una vez preparada la cena (esto es, una vez sacrificado Jesucristo), fueron enviados los apóstoles a los mismos a quienes antes habían sido enviados los profetas.

18-20. Tres fueron las excusas que se dieron, de las que se añade: «El primero le dijo: He comprado una granja y necesito ir a verla», etc. En la granja comprada se da a conocer el dominio, luego el vicio de la soberbia es el primer castigado. El primer hombre que no quiso tener señor, quiso serlo él.

     Las cinco yuntas de bueyes son los cinco sentidos corporales. En los ojos está la vista, en las orejas el oído, en las narices el olor, en las fauces el gusto y en todos los miembros el tacto. Pero a los que especialmente se apropian las yuntas es a los tres primeros sentidos: dos son los ojos, dos las orejas, dos las narices. He aquí tres yuntas. Y en las fauces, esto es, en el sentido del gusto, se encuentra cierto doble sentido, porque no percibimos el sabor de una cosa si no juntamos la lengua al paladar. La voluptuosidad de la carne, que pertenece al tacto, oculta una doble sensación, que es interior y exterior. Se llaman yuntas de bueyes porque por medio de estos sentidos carnales se buscan todas las cosas terrenas y los bueyes están inclinados hacia la tierra. Y los hombres que no tienen fe, consagrados a las cosas de la tierra, no quieren creer otra cosa más que aquellas que perciben por cualquiera de estos cinco sentidos corporales. No, dicen, nosotros no creemos más que lo que vemos. Cuando pensamos de tal modo, aquellas cinco yuntas de bueyes nos impiden ir a la cena. Para que conozcáis, sin embargo, que la complacencia de estos cinco sentidos no es la que más arrastra y deleita, sino cierta curiosidad, no dijo: he comprado cinco yuntas de bueyes y voy a darles de comer, sino, voy a probarlas.

     Esta es la pasión carnal( v. 20) que estorba a muchos. ¡Ojalá que sólo fuese exterior y no interior! El que dice: «He tomado mujer», se goza en la voluptuosidad de la carne y se excusa de ir a la cena. Mire no sea que muera de hambre interior.

     Cuando dijo San Juan ( 1Jn 2,16): todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y ambición del siglo, empezó por donde el Evangelio acaba. Concupiscencia de la carne, he tomado mujer. Concupiscencia de los ojos, he comprado cinco yuntas de bueyes. Ambición del siglo, he comprado una granja. Tomando la parte por el todo, los cinco sentidos se expresan en sólo los ojos, que son el principal entre ellos. Por tanto, aunque la vista pertenezca propiamente a los ojos, solemos decir que el hombre ve por todos los cinco sentidos.

     21-24. El Señor no necesita de sus enviados para conocer a las criaturas inferiores, como si hubiera de saber más por ellos, sino que conoce todas las cosas permanente e inimitablemente y tiene mensajeros por nosotros y por ellos mismos, porque de este modo, en el orden de su propia naturaleza, está bien que se presenten a Dios para consultarle sobre las criaturas inferiores y para ejecutar sus mandatos (Super Gen. 5, 19).

     Vinieron los gentiles de las plazas y de las calles y los herejes de los cercados. Porque los que hacen cercados, establecen divisiones, se separan de los cercados, se apartan de las espinas, pero no quieren ser obligados y dicen: entremos por nuestra propia voluntad. Y no es lo que mandó el Señor que dijo: obliga a entrar. La necesidad se encuentra afuera, de donde nace la voluntad".

En el mes del Sagrado Corazón de Jesús, consagremos nuestros hogares a su Amor. 

Sagrado Corazón de Jesús,

en voz confío.

«Vengan, todo está preparado».

(Lc. 14,17b)

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