""La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel",

que traducido significa: «Dios con nosotros»".

Mt. 1,23

EXPERIENCIA INTERIOR

"El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también «Emmanuel». Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa «Dios con nosotros»? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad.

Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos «Dios» no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo si yo no tengo alguna experiencia personal, por pequeña que sea?

De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.

El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera vivo dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nosotros podremos rastrear su presencia en nuestro entorno.

¿Es posible? El secreto consiste sobre todo en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar «acogiendo» la paz, la vida, el amor, el perdón… que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.

Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.

Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo XX, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, «esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre». El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros: dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio conoceremos la alegría de la Navidad". Recuperado de: José Antonio Pagola

QUE SAN JOSÉ NOS DE LA CAPACIDAD DE SOÑAR

“José es el hombre que sabe acompañar en silencio” y es “el hombre de los sueños”. En estas dos expresiones el Papa fija las características de san José, al que dedica la homilía de la Misa en Santa Marta.

En las Sagradas Escrituras, conocemos a José como “un hombre justo, un observante de la ley, un trabajador, humilde, enamorado de María”.

En un primer momento, ante lo incomprensible, “prefiere quedarse aparte”. Pero después “Dios le revela su misión”. Y así José abraza su tarea, su papel y acompaña el crecimiento del Hijo de Dios “en silencio, sin juzgar, sin hablar mal, sin murmurar”.

José ayudó a crecer en silencio

Ayudar a crecer, a desarrollarse. Así buscó un sitio para que el hijo naciera; lo cuidó; le ayudó a crecer; le enseñó el oficio: tantas cosas… En silencio. Nunca tomó propiedad del hijo: dejó crecer en silencio.

Deja crecer: sería la palabra que nos ayudaría mucho, a nosotros, que por naturaleza siempre queremos meter la nariz en todo, sobre todo en la vida de los demás. “¿Y por qué hace eso? ¿Por qué lo otro…?”. Y empezamos a murmurar, a decir…

Pero él deja crecer. Custodia. Ayuda, pero en silencio.

Una actitud sabia que el Obispo de Roma reconoce a muchos padres: la capacidad de esperar, sin reñir en seguida, incluso ante una equivocación.

Es fundamental saber esperar, antes de decir la palabra; capaz de hacer crecer. Esperar en silencio, como hace Dios con sus hijos, con los que tiene tanta paciencia". Recuperado de: https://es.aleteia.org/2018/12/18/

"Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo» ¡Abba!, es decir, ¡Padre! 7 Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios”.

Gal. 4, 6-7

A toda la Iglesia Católica Anglicana Provincia Original

una Feliz Navidad

y

un venturoso año nuevo 2021

en la presencia de las Bendiciones del Padre Celestial.

Son los deseos del Sr. Obispo Germán Orrego Hurtado. ACC.P.O.

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