ORDO - CALENDARIO LITÚRGICO

Solemnidad de la Inmaculada Concepción - Diciembre 8 de 2020

«Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo»

(Lc 1, 28)

LLENA DE GRACIA

 
 
COMENTARIO AL EVANGELIO
SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Forma Extraordinaria del Rito Romano
"Hoy la Iglesia celebra solemnemente la Inmaculada Concepción de María. Como declaró el beato Pío IX en la carta apostólica Ineffabilis Deus de 1854, ella «fue preservada, por particular gracia y privilegio de Dios todopoderoso, en previsión de los méritos de Jesucristo Salvador del género humano, inmune de toda mancha de pecado original». Esta verdad de fe está contenida en las palabras de saludo que le dirigió el arcángel Gabriel: «Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo» (Lc 1, 28). La expresión «llena de gracia» indica la obra maravillosa del amor de Dios, que quiso devolvernos la vida y la libertad, perdidas con el pecado, mediante su Hijo Unigénito encarnado, muerto y resucitado. Por esto, desde el siglo II, tanto en Oriente como en Occidente, la Iglesia invoca y celebra a la Virgen que, con su «sí», acercó el cielo a la tierra, convirtiéndose en «madre de Dios y nodriza de nuestra vida», como dice san Romano el Melode en un antiguo cántico (Canticum XXV in Nativitatem B. Mariae Virginis, en J.B. Pitra, Analecta Sacra t. I, París 1876, p. 198). En el siglo VII, san Sofronio de Jerusalén elogia la grandeza de María porque en ella el Espíritu Santo estableció su morada, y dice: «Tú superas todos los dones que la magnificencia de Dios ha derramado sobre cualquier persona humana. Más que todos, eres rica por la posesión de Dios que ha puesto su morada en ti» (Oratio II, 25 in SS. Deiparæ Annuntiationem: pg 87, 3, 3248 AB). Y san Beda el Venerable explica: «María es bendita entre las mujeres, porque con el adorno de la virginidad ha gozado de la gracia de ser madre de un hijo que es Dios» (Hom I, 3: CCL 122, 16).
También a nosotros se nos ha otorgado la «plenitud de la gracia» que debemos hacer resplandecer en nuestra vida, porque «el Padre de nuestro Señor Jesucristo —escribe san Pablo— nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales (...), nos eligió antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables (...), y nos ha destinado por medio de Jesucristo (...) a ser sus hijos» (Ef 1, 3-5). Esta filiación la recibimos por medio de la Iglesia, en el día del Bautismo. A este respecto, santa Hildegarda de Bingen escribe: «La Iglesia es, por tanto, la virgen madre de todos los cristianos. Con la fuerza secreta del Espíritu Santo los concibe y los da a luz, ofreciéndolos a Dios para que también sean llamados hijos de Dios» (Scivias, visio III, 12: CCLContinuatio Mediævalis XLIII, 1978, p. 142). Y, por último, entre los numerosísimos cantores de la belleza espiritual de la Madre de Dios destaca san Bernardo de Claraval, el cual afirma que la invocación «Dios te salve, María, llena de gracia» es «grata a Dios, a los ángeles y a los hombres. A los hombres gracias a la maternidad, a los ángeles gracias a la virginidad, a Dios gracias a la humildad»" (Sermo XLVII, De Annuntiatione Dominica: SBO VI, 1, Roma 1970, p. 266). Recuperado de: Obispo de Roma Benedicto XVI
 

LA INMACULADA NOS HABLA DE LA ALEGRÍA. Benedicto XVI

     María Inmaculada nos habla de la alegría, la verdadera alegría que se extiende en el corazón liberado del pecado. El pecado trae consigo una tristeza negativa, que nos induce a encerrarnos en sí mismos. La Gracia trae la verdadera alegría que no depende de la posesión de las cosas, sino que tiene sus raíces en lo más íntimo, en lo más profundo de la persona, y que nada ni nadie puede quitar. El cristianismo es esencialmente un “evangelio”, una “buena noticia”, mientras que algunos piensan que es un obstáculo a la alegría, ya que lo ven en él una serie de prohibiciones y reglas. En realidad, el cristianismo es el anuncio de la victoria de la Gracia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte. Y si implica algunos sacrificios y disciplina de la mente, del corazón y del comportamiento, es precisamente porque en el hombre hay la raíz venenosa del egoísmo, que perjudica a sí mismos y a los demás. Por tanto, debemos aprender a decir no a la voz del egoísmo y a decir sí a la del amor auténtico. La alegría de María está plena, porque en su corazón no hay sombra de pecado. Esta alegría coincide con la presencia de Jesús en su vida: Jesús concebido y llevado en el vientre, después niño confiado a sus cuidados maternos, adolescente y joven y hombre maduro. Jesús que parte de casa, seguido a distancia con la fe hasta la Cruz y la Resurrección: Jesús es la alegría de María y la alegría de la Iglesia.

     Que en este tiempo de Adviento, María Inmaculada nos enseñe a escuchar la voz de Dios que habla en el silencio para recibir su Gracia, que nos libera del pecado y del egoísmo, para gozar así la verdadera alegría. María, llena de gracia, ruega por nosotros! Recuperado de: Obispo de Roma Benedicto XVI

"CON ALEGRÍA"

Alégrate... No tengas miedo.

El evangelista Lucas temía que sus lectores leyeran su escrito de cualquier manera. Lo que les quería anunciar no era una noticia más, como tantas otras que se corrían por el imperio. Debían preparar su corazón: despertar la alegría, desterrar miedos y creer que Dios estaba cerca, dispuesto a transformar su vida.

Con un arte difícil de igualar, recreó una escena evocando el mensaje que María escuchó en lo íntimo de su corazón para acoger el nacimiento de su hijo Jesús. Todos podrían unirse a ella para acoger al Salvador. ¿Es posible hoy prepararse para recibir a Dios?

«Alégrate». Es la primera palabra que escucha el que se prepara para vivir una experiencia buena. Hoy no sabemos esperar. Somos como niños impacientes que lo quieren todo enseguida. Vivimos llenos de cosas. No sabemos estar atentos para conocer nuestros deseos más profundos. Sencillamente, se nos ha olvidado esperar a Dios y ya no sabemos cómo encontrar la alegría.

Nos estamos perdiendo lo mejor de la vida. Nos contentamos con la satisfacción, el placer y la diversión que nos proporciona el bienestar. En el fondo, sabemos que es un error, pero no nos atrevemos a creer que Dios, acogido con fe sencilla, nos puede descubrir otros caminos hacia la alegría.

«No tengas miedo». La alegría es imposible cuando se vive lleno de miedos que nos amenazan por dentro y desde fuera. ¿Cómo pensar, sentir y actuar de manera positiva y esperanzadora?, cómo olvidar nuestra impotencia y nuestra cobardía para enfrentarnos al mal?

Se nos ha olvidado que cuidar nuestra vida interior es más importante que todo lo que nos viene desde fuera. Si estamos vacíos por dentro, somos vulnerables a todo. Se va diluyendo nuestra confianza en Dios y no sabemos cómo defendernos de lo que nos hace daño.

«El Señor está contigo». Dios es una fuerza creadora que es buena y nos quiere bien. No vivimos solos, perdidos en el cosmos. La humanidad no está abandonada. ¿De dónde sacar verdadera esperanza si no es del misterio último de la vida? Todo cambia cuando el ser humano se siente acompañado por Dios.

Necesitamos celebrar el «corazón» de la Navidad, no su corteza. Necesitamos hacer más sitio a Dios en nuestra vida. Nos irá mejor.

Recuperado de: José Antonio Pagola

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