"Hijo mío, respondió Abraham,

recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio,

recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento”.

(Lc. 16,25)

"Al rico no se le juzga por explotador. No se dice que es un impío alejado de la Alianza. Simplemente, ha disfrutado de su riqueza ignorando al pobre. Lo tenía allí mismo, pero no lo ha visto. Estaba en el portal de su mansión, pero no se ha acercado a él. Lo ha excluido de su vida. Su pecado es la indiferencia". Recuperado de José Antonio Pagola.

Reflexión:

"No se dice que el rico epulón fuera malvado, al contrario, tal vez era un hombre religioso, a su manera. Rezaba, quizás, alguna oración y dos o tres veces al año seguramente iba al Templo a hacer sacrificios y daba grandes ofrendas a los sacerdotes, y ellos con aquella pusilanimidad clerical se lo agradecían y le hacían sentarse en el lugar de honor. Pero no se daba cuenta de que a su puerta estaba un pobre mendigo, Lázaro, hambriento, lleno de llagas, símbolo de tanta necesidad que tenía.

El hombre rico tal vez el vehículo con el que salía de casa tenía los cristales polarizados para no ver fuera... tal vez, pero no sé... Pero seguramente, sí, su alma, los ojos de su alma estaban oscurecidos para no ver. Solo veía dentro de su vida, y no se daba cuenta de lo que había sucedido a este hombre, que no era malo: estaba enfermo. Enfermo de mundanidad. Y la mundanidad transforma las almas, hace perder la conciencia de la realidad: viven en un mundo artificial, hecho por ellos... La mundanidad anestesia el alma. Y por eso, este hombre mundano no era capaz de ver la realidad.

Muchas personas que llevan la vida de modo difícil; pero si tengo el corazón mundano, nunca entenderé eso. Con el corazón mundano no se puede entender la necesidad y lo que hace falta a los demás. Con el corazón mundano se puede ir a la iglesia, se puede rezar, se pueden hacer tantas cosas. Pero Jesús, en la Última Cena, en la oración al Padre, qué ha rezado? 'Pero, por favor, Padre, custodia a estos discípulos para que no caigan en el mundo, que no caigan en la mundanidad'. Es un pecado sutil, es más que un pecado: es un estado pecador del alma". (Cf Homilía de S.S. Obispo de Roma - Papa Francisco, 5 de marzo de 2015, en Santa Marta).

Comentarios de Pedro Olalde

"La parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón es una historia popular, según muchos, procedente de Egipto e introducida luego en el Evangelio. Con ella, se nos quiere decir: Ya que nuestro destino eterno va a ser vivir en el amor, vivamos ya desde ahora este estilo de vida, preocupándonos mucho más de nuestros hermanos los pobres. Esta narración no pretende atemorizarnos. Dios lo único que desea es salvarnos, a los que de antemano nos ha constituido en su pueblo.

Del rico no se dice que fuera inmoral: ladrón, homicida, mujeriego o blasfemo. Lo único que se afirma es que no hizo el más mínimo caso del pobre, con quien se cruzaba todos los días. Esto deshumaniza profundamente al rico y le ciega, haciéndole inconscientemente cruel. En la plegaria eucarística se pide: “Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido”.

Sin duda, el pecado del rico Epulón fue la insensibilidad hacia el mendigo Lázaro, de cuya presencia apenas se daba cuenta. Es el evangelio de Lucas el que subraya que Jesús fue muy sensible ante el dolor ajeno: tuvo compasión de la viuda de Naín, de la mujer pecadora pública que irrumpe en la casa del fariseo Simón, de los enfermos a los que cura…

El samaritano del Evangelio de Lucas es bien distinto a este insensible Epulón. Aquél, ciertamente, sintió compasión del que estaba tendido en el camino. Y ese buen samaritano es, quizás, una de las mejores imágenes de quién fue Jesús: el que tuvo compasión de sus hermanos, tantas veces caídos y abandonados por los caminos de la vida". Recuperado: feadulta.com

Que nuestra madre del cielo la Bienaventurada siempre Virgen Santa María

en su Advocación de nuestra Señora de Walsingham, nos enseñe 

a vivir en el servicio a los más pobres y necesitados.

Nuestra Señora de Walsingham

Ruega por nosotros. 

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